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Región de Coquimbo, Chile YouTube
Territorio · Entrevista

Barrios que se organizan: la política de todos los días

En la Región de Coquimbo, frente a la inseguridad, la precariedad alimentaria y la sed, el primer eslabón casi nunca es el Estado ni el mercado: es el barrio organizado.

Círculo Norte · 5 min de lectura

Hay una política que no sale en las franjas ni en los matinales. No tiene escenario ni micrófono: tiene sede social, una tetera, un libro de actas y un grupo de WhatsApp que suena a deshoras. Es la política de todos los días, la que se hace cuando un puñado de vecinas y vecinos decide que el problema de la cuadra no es de nadie en particular y, por eso mismo, es de todos.

Repasar la prensa regional de los últimos seis meses deja una certeza incómoda y esperanzadora a la vez. Incómoda, porque muestra cuánto depende de la voluntad vecinal lo que debiera estar garantizado. Esperanzadora, porque muestra que esa voluntad existe, insiste y, cuando encuentra contraparte, transforma.

La seguridad que se teje

En mayo, el Centro Comunitario de La Pampa reunió a dirigentes de 38 juntas de vecinos de La Pampa y Serena Oriente con el Ecosistema de Seguridad regional. Detrás de esas 38 organizaciones hay cerca de 67 mil personas. No es poca cosa: es una ciudad mediana sentada en una sala, poniendo sobre la mesa lo que viven sus calles.

Ese mismo mes apareció la otra cara. En Serena Oriente, vecinos denunciaron que las alarmas comunitarias —financiadas por el Gobierno Regional tras una postulación de la propia junta de vecinos— llevaban meses sin funcionar, mientras los robos se repetían en el sector y en El Milagro. La dirigencia explicó que el proyecto seguía en implementación; el Gobierno Regional, que su operación correspondía a la organización adjudicada. Entre ambas explicaciones quedó la vecina que aprieta un botón que no suena.

En junio, un dirigente de Villa San Bartolomé, en La Serena, lo dijo sin anestesia: se acumulan las reuniones y escasean las respuestas. Y recordó algo que convendría escribir con mayúscula en cualquier oficina pública: "la junta de vecinos no construye lomos de toro". Las organizaciones canalizan, empujan, insisten; pero no tienen atribuciones ni presupuesto para ejecutar. Sumó además un tema que rara vez entra a las mesas de seguridad: la salud mental como trasfondo de buena parte de la violencia y el abandono que se vive en los barrios.

Y, sin embargo, cuando la organización encuentra contraparte, las cosas pasan. A fines de septiembre, la junta de vecinos de Villa Valle Norte, en Punta Mira, Coquimbo, concretó un proyecto que perseguía hace años: seis postes de iluminación con sensores de movimiento y baterías de larga duración para su plaza comunitaria, diseñados por los propios vecinos con apoyo municipal y financiados por el Fondo Presidente de la República. La señalética la fabricará la misma comunidad, con material reciclado. Una plaza iluminada no es solo menos oscuridad: es una plaza que se vuelve a usar, y un espacio usado es un espacio cuidado.

La agenda oficial también ha ido entendiendo que esta conversación se juega en el territorio. Los diálogos "Recuperemos nuestros barrios" reunieron a fines de agosto a más de 50 dirigentes de La Serena y Coquimbo, y continuaron en Paihuano y Ovalle. El desafío es que esa escucha no termine en el acta.

Comer de lo propio

La soberanía alimentaria suena a consigna grande, pero en la región se está jugando a escala de jardinera.

En mayo, INIA Intihuasi lanzó un Banco Comunitario de Semillas para la Agricultura Familiar Campesina, que se instalará en Limarí y que —este es el punto— será administrado localmente por los propios agricultores, junto a la Red de Multiplicadores de Semillas. Guardar semillas tradicionales adaptadas a nuestro clima es guardar memoria y autonomía: quien resguarda la semilla, resguarda un pedazo de su futuro.

En Ovalle, nueve mujeres de la Agrupación Tierra Libre convirtieron un taller en emprendimiento: producen lechugas hidropónicas y las venden en distintos puntos de la comuna, en un camino que comenzó con Prodemu y siguió con el FOSIS. En julio, el huerto comunitario municipal de la misma comuna sumó equipamiento y diez familias se llevaron módulos hidropónicos a sus casas, bajo la idea de que lo aprendido en comunidad se replique en cada patio.

Y en septiembre, la presidenta de la junta de vecinos Patricio Zeballos, también en Ovalle, contaba que con un fondo concursable levantaron un huerto comunitario en su sede social, y que ya están pensando en el próximo proyecto. Un huerto en una sede es una contradicción hermosa: el lugar de las reuniones convertido en lugar de cosecha.

La sed como escuela

Ningún tema ordena tanto la vida comunitaria en este territorio como el agua. En abril, el embalse Puclaro —principal fuente de La Serena y Coquimbo— rondaba el 13% de su capacidad, y la garantía de agua sin restricciones para más de 400 mil habitantes alcanzaba, según las autoridades, solo para este año.

Luego llegó el invierno con su paradoja. El sistema frontal de julio golpeó con fuerza y hoy los cerros florecen después de años de sequía. Pero la lluvia no borra la escasez estructural; a veces la desnuda de otra manera. En el Choapa, el temporal dañó bocatomas y la Junta de Vigilancia del río tuvo que coordinar con las comunidades de aguas, inspección por inspección, la rehabilitación de las captaciones de riego.

En ese mismo valle, a fines de septiembre, se cerró un estudio de la Comisión Nacional de Riego cuyo resultado más valioso quizás no sea técnico: 25 proyectos de riego diseñados a nivel de perfil, propuestos y validados por la comunidad en talleres con canalistas y agricultores. El presidente de la Comunidad de Aguas Canal Matriz Mincha recordaba que, en la última sequía, solo pudieron recurrir a pozos someros. Esa memoria también es planificación.

En julio, dirigentes de las comunidades agrícolas de Elqui, Limarí y Choapa llevaron hasta la ministra de Bienes Nacionales una agenda de largo aliento: regularización de títulos, derechos de agua, apoyo técnico y financiamiento. Y en septiembre, un equipo de estudiantes del Liceo Bicentenario de Salamanca ganó la final regional del torneo de debate Delibera con una propuesta de reutilización de aguas grises. Cuando los liceanos debaten sobre aguas grises, la crisis hídrica ya se volvió cultura cívica.

Lo que el barrio sabe

Leídas juntas, estas experiencias dicen al menos tres cosas.

Primero, que la organización barrial no es un adorno de la política pública: es su condición de posibilidad. Las alarmas, las luminarias, los huertos y los proyectos de riego existen porque alguien postuló, alguien convocó, alguien se quedó después de la reunión a ordenar las sillas.

Segundo, que la organización también se desgasta. Cuando las alarmas no suenan y las cámaras prometidas no llegan, lo que se erosiona no es solo un proyecto: es la confianza en que organizarse sirve. Cada promesa incumplida le cuesta al Estado un dirigente.

Tercero, que inseguridad, hambre y sed no son agendas separadas. Una plaza con luz, un huerto vecinal y una comunidad de aguas comparten la misma lógica: recuperar lo común. Allí donde el territorio se vuelve a habitar en colectivo, retroceden el miedo, la dependencia y la intemperie.

La política de todos los días no reemplaza a la otra, la de los grandes anuncios. Pero le recuerda, desde la sede social y el canal de regadío, para quién trabaja.

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